19 May Las aventuras amorosas de Simón Bolívar
INÉS QUINTERO
En las memorias y testimonios de quienes conocieron a Simón Bolívar en vida, es bastante común encontrar referencias sobre su faceta amorosa; puede esto constatarse en las Memorias del general Daniel Florencio O`Leary, uno de sus más cercanos amigos; o en la obra Memorias de Simón Bolívar y de sus principales generales, de Ducoudray Holstein, uno de sus más feroces detractores.
Aun cuando entre sus tempranos biógrafos, este tema no fue fundamental, posteriormente sí lo fue pues numerosos autores le dedicaron atención. Por lo común, en tales estudios elaboran una suerte de inventario de damas que se vieron involucradas afectivamente con el Libertador. Destacan el lugar donde ocurrió el romance, la intensidad y duración del episodio, la relevancia que tuvo la mujer en la vida amorosa del héroe y, sobre todo, insisten en que, en medio de sus hazañas, fue un hombre “de carne y hueso” que cortejó a numerosas damas, que amó intensamente y que, además, tuvo un enorme e inusitado éxito con las mujeres.
Por ejemplo, Historia Secreta de Bolívar ―obra firmada por Cornelio Hispano, seudónimo del escritor colombiano Ismael López―, libro publicado en 1924 en Madrid, presenta en varios capítulos los más conocidos episodios amorosos y galantes del Libertador, desde su matrimonio con María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza hasta la última carta escrita, días antes de morir, dirigida a uno de sus amores de juventud, Fanny Du Villar. Además de María Teresa y Fanny, aparecen Anita Lenoit, Josefina Madrid (Josefina Machado), Isabel Soublette, Bernardina Ibáñez, Teresa Laines, Joaquina Garaicoa y Manuela Madroño, entre otras. Atención y capítulo especial le merece al autor la relación afectiva de Bolívar con Manuela Sáenz.
No esconde el autor su fascinación por Bolívar pues «…estudiarlo en las más secretas aventuras de su vida es casi sentir las recónditas palpitaciones de su gran corazón, es acercarse a la perfecta comprensión de su genio». Recoge López testimonios, cartas y noticias de diversa procedencia; este recorrido de Cornelio Hispano se convirtió fuente de muchos otros escritos sobre este mismo tema, tratado de manera general en forma superficial y escasamente documentada; ante eso se levantó la voz «autorizada» de Vicente Lecuna, estudioso de la vida y obra de Simón Bolívar y uno de sus apologistas más consecuente. Fue editor de sus cartas, proclamas y documentos. Producto de su experiencia y empeño, se erigió en el oráculo de lo que es verdad o mentira en la vida, en la acción y en la documentación de Simón Bolívar. Así, comentó Lecuna las visiones construidas sobre «Los amores de Bolívar», ensayo dentro del libro Catálogo de errores y calumnias en la vida de Simón Bolívar.
De la abultada nómina de mujeres con quienes se ha señalado que Bolívar tuvo algún tipo de relación amorosa, Lecuna admite como válidas a Fanny Du Villar, Manuela Sáenz, Bernardina Ibáñez ―la melindrosa―, Benedicta (una señorita de Chuquisaca) y Francisca Zubiaga de Gamarra, doña Panchita. También acepta que Josefina Machado fue novia de Simón Bolívar en 1813, pero niega rotundamente que, por esperar a su amada, Bolívar hubiese detenido la expedición de Los Cayos durante 48 horas. Se trata de una falsedad escrita por Ducoudray Holstein. También es invención de Holstein el supuesto romance con Isabel Soublette. Según Lecuna, las sospechas del francés no tuvieron otro objeto que «mancillar la buena fama de esas niñas». De igual forma, carecen de asidero los comentarios hechos por el coronel George Hippisley, «supuesto oficial sin servicios», quien «lanza afirmaciones venenosas contra Isabel Soublette con total desapego a la verdad».
No reconoce Lecuna el romance con Anita Lenoit, el año 1812; la supuesta pernocta con Luisa Crobert en Kingston también la descarta; desecha igualmente el amorío con Manuelita Madroño, referido por Cornelio Hispano quien a su vez lo toma de las leyendas de Ricardo Palma, las cuales, según sentencia Lecuna, son todas falsas.
En esta materia, no tuvieron mucho éxito las precisiones y desmentidos de Lecuna, pues todas estas damas siguen apareciendo como parte de la nómina amorosa del Libertador en la mayoría de los textos que se han escrito sobre el tema y, de manera especial, en las numerosas referencias electrónicas que pueden leerse sobre esta misma materia en internet (ver enlaces al final de esta nota).
Su único y verdadero amor
Esta diversidad amorosa que caracterizaría la vida galante del Libertador contrasta abiertamente con otra manera, mucho más conservadora, de atender este mismo aspecto de su biografía. Se trata de una mirada cuya finalidad esencial es destacar que Bolívar tuvo un único, legítimo y verdadero amor: el que sintió y vivió junto a su esposa María Teresa Rodríguez del Toro. Esta valoración sobre el recuerdo perpetuo de María Teresa en la vida de Bolívar se nutre de los comentarios que el propio viudo hizo acerca de su difunta esposa.
En el Diario de Bucaramanga, obra escrita por Luis Perú de La Croix a partir de las conversaciones que sostuvo con Bolívar en 1828, la única mención hecha sobre su vida amorosa se refiere, precisamente, a María Teresa:
«Quise mucho a mi mujer y su muerte me hizo jurar no
volver a casarme (…); la muerte de mi mujer me puso muy
temprano en el camino de la política y me hizo seguir el
camino de Marte, en lugar de seguir el arado de Ceres»
No menciona a ninguna otra mujer en estos mismos términos cuando conversa con el francés en la casona de Bucaramanga. Esta referencia idealizada sobre María Teresa está en perfecta sintonía con el registro de las palabras que el mismo Bolívar dijo en la Catedral de Caracas en 1803, al momento de darle sepultura:
«Yo contemplaba a mi mujer como un ser divino. El cielo
creyó que le pertenecía y me la arrebató, porque no era
creada para la tierra»
Resulta perfecto para la visión del héroe impoluto, esta imagen del hombre viudo, que jamás borró de su alma el recuerdo de su joven esposa, abrupta y tempranamente arrebatada de sus brazos. Es su inesperada muerte lo que determina su compromiso político, es el dolor de su ausencia lo que impide que se case nuevamente, es su inolvidable recuerdo lo que justifica su silencio sobre su vida amorosa. Desde el testimonio directo del propio Bolívar no hay ninguna consideración o mención respecto a que, en su vida, hayan ido de la mano el amor y la política. El amor quedó enterrado en la Catedral de Caracas y le abrió las puertas para que pudiera ir en busca de la política, hasta alcanzar la Gloria: su verdadera pasión. Todo lo demás resulta accesorio y prescindible en la visión del héroe.
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