María Teresa del Toro nunca estuvo en Canarias, pero tiene allí su única plaza

Desde la primaria, los venezolanos se han familiarizado con la figura de Simón Bolívar y su gesta emancipadora. Con el tiempo, esa figura atenúa su brillo heroico y revela matices más humanos, a veces mundanos e, incluso, veleidosos. La faceta del mujeriego toma fuerza y vuelve vulnerable el mármol que le reviste; su casamiento con una joven perteneciente a la corte madrileña -su padre era hijo del segundo marqués del Toro- tendrá, más temprano que tarde, un final abrupto y dramático al fallecer María Teresa en Caracas a los pocos meses de su arribo. He aquí un acercamiento al sitio de donde salió la familia que procreó a la mujer que primero robó el corazón al Libertador

SEBASTIÁN DE LA NUEZ

Teror es el pueblo de la familia política del Libertador, los marqueses del Toro. Es una localidad de unos 13 mil habitantes al norte de la isla de Gran Canaria. Desde allí se envían a San Antonio de los Altos ―estado Miranda― cargamentos de medicinas: la diáspora es el enlace con el municipio Los Salias. La villa de Teror suele estar llena de turistas, sobre todo europeos que han llegado desde el frío buscando verdor, sol y mazapanes típicos del sitio, también bollos y bizcochos. Lo mejor de Teror es su gente, su empeñosa calidez primaveral, sus calles bucólicas sin un papel que las ensucie. Se ha tejido una leyenda en torno a María Teresa del Toro, muchos creen que ella nació allí pero no es cierto; ni siquiera estuvo durante su breve paso por este mundo. Nació en Madrid el 15 de octubre de 1781. Su familia se hizo un nombre y un lugar en la cerrada sociedad española de aquellos siglos. En Teror se concentra ―en su basílica, en cada uno de los hogares― el culto a la Virgen del Pino, patrona de la isla de Gran Canaria. El viaje en autobús, o guagua, para llegar desde la capital de la isla, Las Palmas, pudiera ser semejante al recorrido de Cristo camino del Gólgota. Los choferes podrían manejar con los ojos cerrados, de tanto que se conocen cada palmo. Por la estrechísima vereda apenas cabe el colectivo. En Teror han estado Rafael Caldera y Jaime Lusinchi, no al mismo tiempo; y sí, María Teresa Bolívar es una constante en este pueblo. Su plaza más bonita lleva su nombre.

La plaza es armoniosa, arbolada y sosegada, con un parterre de geranios en flor. Tiene por epicentro una fuente gótica emplazada sobre un diseño hexagonal; enfrente, dos bancos de piedra bellamente tallados que representan a Gran Canaria y Tenerife.

La plaza existe desde 1958, la única en el mundo que le rinde culto a la consorte del Libertador, se encuentra exactamente a unos setenta metros en diagonal a la basílica Nuestra Señora del Pino, principal referente del pueblo. La plaza se edificó en los terrenos que antes fueron la huerta de Luisa y Elvira del Castillo, parte de la propiedad de la familia Rodríguez del Toro; de modo que el sitio perteneció a los antepasados de María Teresa. Fue la suya una de las primeras familias que se asentaron en estos fértiles parajes; eran labriegos. Lo curioso de esta plaza es que, de un lado, hay un busto de Simón Bolívar, y del otro, uno del cronista Néstor Álamo. María Teresa no aparece salvo en la placa que le da nombre al sitio y en una breve inscripción en una pared; al parecer, no hubo nunca intención de reproducir su imagen pues el único retrato que había o hay de ella es la recreación que Tito Salas hace de su boda. O, al menos, eso era lo que se tenía por cierto en Canarias hace sesenta años. Al parecer, no era de fiar el óleo de Tito Salas. En Canarias es una tendencia muy marcada (como en toda España) la lucha feminista por la reivindicación de la mujer. Pero suceden cosas como esta: se inaugura en memoria de una mujer pero los bustos pertenecen a dos caballeros.

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Bernardo Rodríguez del Toro, quien marchó a Venezuela en 1675, uno de tantos canarios en busca de fortuna, dejó nueve hermanos en Teror, de modo que desde el siglo XVII para acá la familia de la que sería el gran amor de Simón Bolívar y su única esposa, tuvo oportunidad de mezclarse y diseminarse con otras muchas familias de la isla. Es decir, hay muchos familiares políticos, aun lejanos, de Bolívar en esta isla. Los bancos de esta plaza representan a Tenerife y Gran Canaria, las dos principales islas del archipiélago. Néstor Álamo (1906-1994), cronista de la villa en los años cincuenta, impulsó el proyecto durante su gestión en el ayuntamiento. Álamo fue un genio múltiple, desde contador a archivólogo, pasando por compositor musical y paleógrafo, entre otros menesteres. Aun cuando no supiera dibujar, sabía transmitir sus ideas, y con los bancos y los demás elementos de la plaza eso fue lo que hizo, trabajando conjuntamente con el artista Santiago Santana, quien sí era dibujante y diseñador al servicio del ayuntamiento.


Si el visitante se sienta un rato en la plaza de María Teresa de Bolívar, acaso en día sábado, verá pasar a tres o cuatro viandantes cortando camino transversalmente hacia la siguiente cuadra; algunos turistas rubios se tomarán fotos. La plaza forma parte de un conjunto histórico declarado así desde 1979.

José Luis Yánez, cronista oficial de Teror, nació en el barrio El Palmar, que queda algo lejos, en el límite con otro pueblo grancanario, Arucas. La familia de los Yánez procede de Tenerife (en realidad era el Yanes de origen portugués), sus antepasados han estado dedicados al comercio y a la política. También José Luis tiene en su árbol genealógico algún Rodríguez del Toro. Su abuelo fue alcalde de barrio; su padre, alcalde de Teror. Se encontraba presente el día de 1980 en que el expresidente venezolano Rafael Caldera llegó e inauguró el busto de Bolívar.

Caldera rindió homenaje a los municipios que antes eran uno solo: Valleseco y Teror. Valleseco tiene un barrio que se llama Monagas, y está a más o menos quince kilómetros de Teror, cuesta arriba. Hasta el siglo XIX todo esto formaba un solo municipio. De modo que hay un busto idéntico de Bolívar en Valleseco, pues los Hernández Monagas procedían de allí. Bien se sabe que un estado venezolano ―mestizo, petrolero y musical― lleva el apellido. Recuerda José Luis al dueño de la casa aledaña a la plaza tomando fotografías desde su azotea mientras discurría el protocolar acto; recuerda la algazara y la curiosidad del gentío circundante. ¿La actitud de Caldera? Muy cercana, muy de llegar a la gente. «La relación de Teror con Venezuela es palpable en todo, hasta en el hermanamiento con San Antonio [de los Altos]», dice Yánez. «Además, los Rodríguez del Toro tuvieron mucho que ver con la independencia de Venezuela».

Teror es una parada obligatorio para los devotos de la Virgen del Pino: he allí un punto fuerte para el turismo interno. Sin embargo, al ayuntamiento local le interesa sobre todo el turismo externo. Según las cifras que maneja Laura Quintana ‒concejala de Turismo del ayuntamiento por el PSOE, administradora de Empresas con especialidad en marketing‒, unos 200 turistas diariamente visitan Teror. Está llegando mucha gente del norte de Europa, pero ella no tiene feedback de quienes visitan esta plaza. Laura sabe de las rutas que se organizan, de lo que consume el turista o si se hospeda en el lugar y por cuántas noches; pero, claro, no se sabe, al final del día, si le ha quedado idea al visitante sobre María Teresa Bolívar o acerca del propio Simón Bolívar. Laura sí sabe que a los turistas les encanta un bocadillo de chorizo. Un encuentro musical anual lleva el nombre de María Teresa Bolívar. Se realiza en la plaza de Cintas; la cita atrae mucha gente y Cintas es la plaza más amplia de la villa, la más cómoda para montar la tarima. Se celebra desde 1988. Se le dio ese nombre porque María Teresa es la figura que mejor enlaza o unifica la América hispanoparlante con Canarias, argumenta la concejala. La convocatoria musical representa o recoge eso. Es un encuentro de solistas y agrupaciones de ambas orillas. Lo subvenciona el Cabildo de Gran Canaria.

Esa casa, la de las tres ventanas de madera con su balconada, es una de las que pertenecieron a la familia Del Toro y hoy está en manos del ciudadano Virgilio Navarro.

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Uno de los descendientes de Bernardo Rodríguez del Toro, nacido en Venezuela, su nieto Bernardo Rodríguez del Toro y  ♣Ascanio, viajó a Madrid en el siglo XVIII. Allí se casó con doña Benita de Alaiza, aristócrata vallisoletana ―o sea, de Valladolid, que en tiempo remoto fue capital del reino de Castilla― afincada también en la Corte. De su matrimonio solo nació una hija el 15 de octubre de 1781, en Madrid. María Teresa Rodríguez del Toro. Sería la novia y la esposa de Bolívar. En la cosmopolita Madrid de hoy ya no está en pie ni la casa de los Rodríguez del Toro ni la iglesia donde se casaron los jóvenes. En la calle Fuencarral apenas puede atisbarse, sobre el anuncio de un estanco, medio oculto por el ramaje de un árbol, una placa:


EN ESTE LUGAR ESTUVO SITUADA LA CASA QUE HABITÓ DOÑA
MARÍA TERESA RODRÍGUEZ DEL TORO, ESPOSA QUE FUÉ DE SIMÓN BOLÍVAR, GENIO DE LA RAZA

Simón Bolívar conoció en 1801 a María Teresa. Después de un aplazamiento impuesto por el padre de ella debido a la juventud del pretendiente que sólo tenía 18 años, contrajo matrimonio con ella el 20 de mayo de 1802. José Luis, el cronista Teror, dice en torno a la memoria canaria sobre la joven: «La figura de ella se recupera en ocasiones concretas y hay que recordarle a la gente quién es. Unos creen que era de Teror, otros, que era venezolana. En realidad era madrileña».

La calle donde estuvo la primera escuela de Teror, fundada por el presbítero Domingo Navarro del Castillo en 1790, está a media cuadra de la basílica. Sobre el solar que fue de aquella escuela se halla actualmente la biblioteca municipal. La calle viene subiendo y José Luis explica que este fue el Camino Real de mar a cumbre; por aquí, por donde estamos, se convierte en la Calle de la Escuela, y allí hace esquina el caserón que alguna vez fue de los Romero y antes de los del Toro; el dueño de ahora, Virgilio Navarro, no sabe nada de María Teresa del Toro y tampoco parece necesitar saberlo porque, al pasar por la cafetería donde estamos el cronista y yo tomándonos un cortado, el caballero se ve ensimismado y risueño. Tiene cara de heredero. Eso es todo. Heredero de los vestigios catastrales ―que con el tiempo y el turismo se han revalorizado mucho― de una familia legendaria. José Luis lo ha detenido en su andar para presentármelo. Navarro es amable, y amablemente sigue su camino.

De la esquina del caserón hacia arriba, Calle de la Herrería: allí había, en efecto, una herrería donde estuvo de visita Unamuno durante su destierro en Canarias. Hay una placa que lo recuerda:

José Luis (en la foto) escribe columnas y crónicas en la Prensa local sobre Teror y, por supuesto, en ocasiones, sobre María Teresa y su plaza; en una de tales columnas citaa al Libertador cuando dijo: ‹De no haber sido viudo, no me habría convertido en general ni en el Libertador». La vida del cronista es pura memoria, folklore y relaciones públicas. ¿Qué otra cosa sino mansa felicidad puede esperarse de un hombre que vive bajo la protección de Nuestra Señora del Pino? Hace bien su trabajo, lleva bajo su Gracia una mesurada andadura contemplativa. Hace años compró el convento de la calle de la Herrería a las Hijas de la Caridad, y allí se encuentra instalado, casa amplia y muy floreada que va de un lado al otro de la cuadra: tiene salida por dos calles paralelas. Hay un pino milagroso en la cotidianidad de José Luis. Una vez hubo, cerca de donde nos encontramos charlando, un museo o cosa parecida rindiendo homenaje a los del Toro, pero fue cerrado. No quedan sino vestigios. El nombre de María Teresa del Toro puede que aparezca en libros de historiadores canarios, que su figura sea evocada en alguna serie de TV o dentro de una hagiografía de los canarios que se sumaron al proceso independentista en América del Sur. Pero ella será una sombra un poco fantasmal, un nombre para señalar la fugacidad y la vulnerabilidad (a quien tenga referencias del personaje) en un muro que en realidad no dice nada.

 

Ver también «Las aventuras amorosas de Simón Bolívar»

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